La restauración de ecosistemas deteriorados es una de las principales estrategias en la Adaptación Basada en Ecosistemas (EbA). Esta técnica ayuda a mitigar los impactos del cambio climático, aumentando la resiliencia de comunidades locales y preservando la biodiversidad.
En Honduras, la restauración de ecosistemas ha emergido como una herramienta clave en la lucha contra los efectos del cambio climático. A través de la implementación de proyectos EbA, las comunidades locales están revitalizando bosques, manglares y humedales, lo que no solo mejora la biodiversidad sino que también fortalece su capacidad de adaptación.
Un ejemplo significativo es el trabajo en los humedales costeros, que sirven como barrera natural frente a eventos climáticos extremos, como huracanes e inundaciones. Al restaurar estos ecosistemas, no solo se protege a las comunidades costeras, sino que también se promueve la captura de carbono, reduciendo las emisiones globales. Los manglares, por ejemplo, tienen la capacidad de almacenar hasta cinco veces más carbono que los bosques terrestres.
Además, la participación comunitaria en estos proyectos es fundamental. Las comunidades locales, que dependen de los recursos naturales, están capacitadas para gestionar de manera sostenible sus entornos, asegurando que los beneficios de la restauración se mantengan a largo plazo.