Invertir en infraestructura adaptada al clima no es solo una necesidad técnica: es una decisión estratégica para proteger vidas, economías y ecosistemas en Honduras.
Invertir en infraestructura adaptada al clima
En Honduras, la infraestructura tradicional ha sido diseñada durante décadas con base en patrones climáticos del pasado. Pero ese pasado ya no existe. El clima ha cambiado, y con él, la frecuencia e intensidad de lluvias, huracanes, sequías y deslizamientos. Frente a esta nueva realidad, es urgente repensar cómo, dónde y para quién se construye.
La infraestructura resiliente al clima es aquella que está diseñada no solo para resistir los impactos climáticos, sino también para adaptarse a ellos, integrarse con la naturaleza y proteger a las comunidades más vulnerables. Es una infraestructura con propósito, que combina ingeniería, ecología y justicia social.
Un ejemplo concreto son los sistemas de drenaje urbano sostenible en ciudades como Tegucigalpa y La Ceiba. Calles permeables, cunetas verdes y parques inundables ayudan a absorber el agua de lluvias intensas, reduciendo el riesgo de inundaciones sin recurrir exclusivamente a soluciones grises como canales de concreto.
En áreas rurales, la construcción de reservorios de agua de lluvia, terrazas agrícolas, caminos rurales bien drenados y techos captadores de agua representan pequeñas infraestructuras que salvan vidas y sostienen la producción en tiempos de sequía.
El enfoque de infraestructura resiliente también considera materiales locales, mano de obra comunitaria y mantenimiento participativo. No se trata solo de megaobras, sino de inversiones estratégicas que respondan a las necesidades del territorio y de quienes lo habitan.
A esto se suma la infraestructura verde, que usa soluciones naturales para cumplir funciones clave: por ejemplo, conservar manglares como barreras naturales contra tormentas costeras o restaurar cuencas para mejorar el suministro hídrico. Estas infraestructuras no solo resisten el clima, sino que lo regulan.
Integrar criterios climáticos en la planificación urbana y rural debe ser una política pública transversal. Planos reguladores, licencias de construcción, presupuestos municipales y financiamiento internacional deben alinearse para construir con visión de futuro.
La innovación tecnológica también tiene un rol importante: desde sensores para monitoreo climático hasta mapas de riesgo actualizados mediante imágenes satelitales, pasando por herramientas de modelación hidrológica que permiten diseñar obras adaptadas al nuevo contexto.
Invertir en infraestructura resiliente es más costo-efectivo que reconstruir tras el desastre. Cada dólar destinado a prevención y adaptación puede ahorrar múltiples pérdidas humanas, económicas y ambientales.
Pero esto solo es posible si se involucra a todos los actores: gobiernos, comunidades, cooperantes, sector privado y academia. La planificación participativa asegura que las soluciones no solo sean técnicas, sino también sociales y sostenibles.
Construir resiliencia no es un lujo. Es una necesidad urgente y una oportunidad para repensar el desarrollo desde una lógica más humana, ecológica y duradera. Honduras tiene el conocimiento, los recursos y la creatividad para hacerlo posible. Solo falta voluntad y acción.