Frente a los desafíos climáticos, la agroecología fortalece la resiliencia de los sistemas alimentarios hondureños, promoviendo prácticas sostenibles y soberanía alimentaria.
La agroecología como respuesta estratégica
La crisis climática está afectando de forma directa la seguridad alimentaria en Honduras. Las lluvias impredecibles, las sequías prolongadas, el deterioro del suelo y la pérdida de biodiversidad están poniendo en riesgo la producción agrícola, especialmente en las zonas rurales más vulnerables. Ante este escenario, la agroecología se presenta no solo como una alternativa viable, sino como una estrategia necesaria.
La agroecología no es simplemente un tipo de agricultura sin químicos. Es una forma de vida, un enfoque integral que combina conocimientos ancestrales con prácticas científicas modernas para producir alimentos de manera sustentable, cuidando el ambiente y fortaleciendo la autonomía de las comunidades campesinas.
En Honduras, muchas experiencias agroecológicas están tomando fuerza, sobre todo en regiones como el occidente del país y el corredor seco. Productores y productoras están retornando a prácticas como la rotación de cultivos, el uso de abonos orgánicos, el rescate de semillas criollas y la implementación de sistemas agroforestales. Estas acciones no solo mejoran el rendimiento y la salud del suelo, sino que diversifican la dieta y reducen la dependencia de insumos externos.
La soberanía alimentaria es un concepto clave en este enfoque. No se trata solo de tener qué comer, sino de decidir cómo, cuándo y con qué métodos se produce. Las comunidades que aplican principios agroecológicos recuperan el control sobre su alimentación, sus semillas y su territorio. Esto es esencial en un contexto donde la agricultura industrial impone modelos extractivistas y vulnerables frente al clima.
Además, la agroecología promueve la equidad de género. Muchas mujeres rurales lideran procesos de producción, transformación y comercialización agroecológica, lo que les permite generar ingresos, tomar decisiones y fortalecer su participación comunitaria.
Desde una perspectiva de salud pública, los alimentos producidos bajo criterios agroecológicos suelen estar libres de agrotóxicos y tener mayor valor nutricional. Esto repercute directamente en la reducción de enfermedades asociadas al uso de químicos y a la malnutrición.
Sin embargo, aún existen grandes desafíos. El acceso a tierras, al agua, a mercados justos y a financiamiento sigue siendo limitado. También se requiere fortalecer los marcos normativos e incluir la agroecología en las políticas públicas de desarrollo rural, educación y salud.
La formación en agroecología, tanto en escuelas rurales como en espacios comunitarios, es vital para construir una nueva cultura agrícola adaptada al cambio climático. Promover ferias locales, bancos de semillas y redes de intercambio de saberes fortalece la autonomía y el tejido social.
En tiempos donde la seguridad alimentaria está en riesgo por crisis climáticas, políticas inestables y conflictos económicos, la agroecología nos recuerda que otra forma de producir y alimentarnos es posible. Una forma que pone en el centro la vida, el cuidado del entorno y el bienestar de las generaciones presentes y futuras.